El Jardín Estelar de Lila

Science Fiction all age range 500 to 1000 words Spanish

Story Content

Lila vivía en un pequeño asteroide llamado Casita, un lugar tranquilo salpicado de flores cósmicas que brillaban con luz propia. Casita orbitaba cerca de Marte, un planeta rojo que Lila conocía solo a través de los cuentos de su abuela Elara.
La abuela Elara, con sus ojos chispeantes y su bata cubierta de parches estelares, le contaba historias fascinantes sobre Marcianos, exploradores espaciales y jardines colgantes en Marte. Lila soñaba con ver esos jardines alguna vez.
Un día, una marciana llamada Zara llegó a Casita. Su nave espacial, llamada Brisa Estelar, tenía la forma de una mariquita gigante y brillaba con todos los colores del arcoíris. Zara necesitaba ayuda.
"Mi jardín estelar está enfermo," le dijo Zara a Lila con una voz melodiosa. "Las flores se están marchitando y necesito alguien con tu toque para ayudarlas a revivir."
Lila nunca había salido de Casita, pero la idea de ayudar al jardín estelar de Marte la llenó de emoción. Con el permiso de su abuela, empacó algunas semillas de flores cósmicas y abordó la Brisa Estelar.
El viaje a Marte fue emocionante. Vieron nebulosas de colores pastel y constelaciones brillantes. Zara le enseñó a Lila sobre las estrellas y los planetas, y Lila le mostró a Zara la belleza de las flores cósmicas de Casita.
Cuando llegaron a Marte, Lila quedó impresionada. El jardín estelar, una enorme estructura geodésica, se extendía bajo un cielo anaranjado. Pero Zara tenía razón, las plantas estaban tristes y marchitas.
Lila se puso a trabajar de inmediato. Examinó la tierra marciana, habló con las plantas en un lenguaje de canciones y entendió que necesitaban algo más que agua y luz. Necesitaban la energía alegre de las flores cósmicas de Casita.
Con mucho cuidado, plantó las semillas de flores cósmicas entre las plantas marcianas. Les cantó canciones suaves y les contó historias sobre la paz y la amistad en el universo.
Poco a poco, las flores cósmicas comenzaron a brotar, llenando el jardín con su luz brillante. Las plantas marcianas respondieron a la energía, estirándose hacia la luz y floreciendo con nuevos colores.
Zara estaba encantada. El jardín estelar volvió a ser un lugar de alegría y belleza. Los marcianos venían de todas partes para admirar la nueva vitalidad de las plantas.
Lila aprendió que incluso las diferencias más grandes, como vivir en asteroides y planetas, no impiden la amistad y la colaboración. Aprendió que con amor y comprensión, incluso los jardines más tristes pueden florecer.
Antes de regresar a Casita, Zara le regaló a Lila una semilla de la flor más hermosa del jardín estelar. "Para que siempre recuerdes nuestra amistad y la magia de trabajar juntos", le dijo Zara.
De vuelta en Casita, Lila plantó la semilla junto a las otras flores cósmicas. Sabía que, sin importar la distancia, siempre estaría conectada con Marte y su amiga Zara, compartiendo la alegría de la jardinería y la amistad a través del espacio.